The Tomb – H.P. Lovecraft

Today I did something different: I decided to try translating something that had already been translated so I could compare the professional’s version with my own (after it had been kindly proofread).

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Al contarles las circunstancias que han causado mi encierro en este asilo para dementes, soy consiente de que mi condición actual creerá una duda natural sobre la autenticidad de mi relato. Es un hecho desafortunado que la mayor parte de la humanidad sea demasiado limitada en su visión mental como para considerar con paciencia e inteligencia los fenómenos aislados, vistos y experimentados solo por unos pocos seres psicológicamente sensibles, que quedan fuera de su experiencia cotidiana.
Los hombres de una inteligencia más amplia saben que no hay una distinción clara entre lo real y lo irreal; que todas las cosas aparecen como lo hacen solo gracias a los medios sutiles, físicos y mentales, por cuales somos conscientes de ellos; pero el materialismo prosaico de la mayoría tilda de locura los destellos de clarividencia que penetran el velo común del empirismo obvio.

In relating the circumstances which have led to my confinement within this refuge for the demented, I am aware that my present position will create a natural doubt of the authenticity of my narrative. It is an unfortunate fact that the bulk of humanity is too limited in its mental vision to weigh with patience and intelligence those isolated phenomena, seen and felt only by a psychologically sensitive few, which lie outside its common experience. Men of broader intellect know that there is no sharp distinction betwixt the real and the unreal; that all things appear as they do only by virtue of the delicate individual physical and mental media through which we are made conscious of them; but the prosaic materialism of the majority condemns as madness the flashes of supersight which penetrate the common veil of obvious empricism.

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Fragmento de Entre manzanos – Alfonzo Camín

No solamente yo estudiaba en la escuela; estudiaba en la casa, en el prado cuidando el ganado y hasta cuando iba montado en el burro rumbo al molino, un asno de mala casta, enterizo y cerril, que, al morirsenos la burra vieja, lo compró mi padre no sé dónde, por cuatro cuartos, cuando aún no era para montar y tenía una lana tan larga como el carnero de los Aguirre. Tardó mucho en dejarse montar y unca fue asno de buena ley. Era un catedrático en dar saltos y en tirar al jinete, cuándo por sobre las orejas, cuándo por sobre el trasero, despidiéndolos con dos coces y yéndose lejos, a trote largo, las orejas altas, los ojos avizores y un gran relincho victorioso.

Me hice tan famoso en el pueblo, en esto de amansar burros, que de todos los entornos venían los vecinos a encagarme la doma de un burro nuevo. Los llevaba a un prado, casi siempre el de Pepón, los montaba muy hacia delante, les metía las piernas entre los remos delanteros y cuando el burro quería tirarme, le echaba yo la zancadilla, perdía fuerza y era él el que se caía y yo sobre él, muy cómodo, y abierto de piernas, riendo a mandíbula.

Los domaba en siete u ocho jornadas, venían muchos a verme como en el boxeo, en el teatro, o cuando hay un crimen, y me pagaban dos pesetas de plata enteriza por cada asno que lograba que entrase en razones.

– ¿Ya está domado?
– Creo que sí.

Con estas pesetas no solo compré un cartapacio y los libros que me indicaban, una caja de dibujo con todas las herramientas, brillantes como la plata, sino que mi madre me compró una tela de mahón y me hizo un traje de chaqueta muy entallada, muy cerrada de cuello, y con los pantalones de los llamados “abotinados”, con el que fui a la romera de la Asunción y cuentan que estaba muy majo. La boina me la había comprado el tío Blasín, a cambio de tres “ñervatos” tiernos que le entregue de un nido, y la llevaba yo engallada, inclinándola sobre la frente, como suele el gallo poner la cresta, mandón entre las gallinas.

El que temprano anda suelto, es muy dificil de atar. Yo era un niño que andaba entre hombres. Tenía que ser hombre antes de tiempo. De ahí que me fuese de cortejo, después de la escuela nocturna. Y de ahí también que mi padre me esperase detrás de la puerta con la estaca en la mano. Se levantaba en escarpines y en las noches de invierno le atenazaba el frío . Sin querer, estornudaba, tosía fuerte, y yo, que tenía un oído de lince, me daba cuenta y no entraba en casa. Me iba de puntillas y dormia en la “tenada”, entre la hierba seca del ganado. A veces me daba pena, porque mi padre seguía en “escarpines” hasta la una o las dos de la noche, esperando a que yo llegase para darme la zurra . Pero entre la pena y la zurra, yo me quedaba con la pena.

Mi madre, en las mañanas de frío, nos hacía unas sopas de ajo, sopas de casa pobre, antes de partir mi padre al trabajo. Ahora éramos dos, camino de la cantera. Mi padre, a veces, rechazaba las sopas de ajo, reclamando les fabes requemadas que habían quedado de la cena. Mi madre las recalentaba y, cuando el compango brillaba por su ausencia, que era casi siempre, solía mi padre comerlas, con este estribillo: por la mañana, boroña y fabes, al medio día, fabes con berces; a la noche, fabes con torta,¡anda, Xuan, machaca les piedres! Con todo y este humorismo, mi padre creía en les fabes como el creyente en Dios. Toda su fuerza para el trabajo la achacaba a les fabes, repitiendo que yo jamás sería un hombre fuerte, porque huía de ellas no siendo en los días de fiesta, cuando llevaban su guarnición de tocino, lacón, chorizo y sabrosa morchilla.

En realidad, yo acudía a la escuela de pascuas a Ramos, tanto por el miedo que comenzaba a tenerle al maestro como por valerse mis padres de mí para los trabajos de casa y de afuera. Antes de ir a trabajar a los caleros y a las canteras de Contrueces, nunca se me tuvo ocioso, a no ser cuando yo tomaba el ocio por mi cuenta y me costaba lo mío, pues, la madre daba cuenta al padre y el padre tomaba la verdasca en la mano. En esto, mi padre se parecía bastante al maestro de Roces.

Esto de partir para la Habana era cosa seria y daba mucho que hacer, lo mismo a mi que a los demás. Era de más embarazo que partir para la guerra. Las madres lloraban lo mismo cuando se embarcaba la juventud para América que para Marruecos. Lo que indicaba que se volvía tarde o que no se volvía jamás. Yo pensaba, más que todo, en el “Muley”. En el “Muley” que estaba lejos y en mi madre que estaba cerca. Mi madre me miraba de hito en hito, daba la vuelta y lloraba por los rincones para que yo no la viera.

 

 

I didn’t just study in school, I also studied at home, in the meadow minding the cattle, and even while I rode the donkey to the mill, a mongrel ass, intact and unbroken, which was bought by my father for next to nothing, who knows where, when our old donkey died on us, and when it was still too small to ride and had hair as long as an Aguirre Ram’s. It was a long time before it let us ride it and was never well behaved. It was a master in rearing up and throwing off the rider, sometimes over its ears, sometimes over its rear, sending them off with two kicks and trotting away, with a glint in its eye and a victorious whinny.It made me famous for training the town over, so much so that neighbours from surrounding areas came and entrusted me with the task of domesticating their new donkeys. I’d take them to a meadow, almost always the one in Pepón. I’d mount each one very far forward, hook my legs between his forelegs and when he wanted to throw me off I’d trip him up, he’d weaken, and it would be him that fell, and me on top of him, quite comfortable, and with my legs open, laughing my head off.

I’d have them broken in seven or eight days, many people coming to watch as if it were a boxing match, a theatre performance, or a crime scene, and I was paid two whole silver pesetas for every ass that I managed to make see reason.

– Is it tame yet?

– I think so.

Not only did I buy a notebook, the books I needed, and a drawing case with every type of tool, each one shining like silver, but my mother bought Nankeen cloth and made me a suit with a jacket that closely fit my neck and waist, and with something called “ankle trousers”, which I wore on the feast of Assumption, and everyone said was very nice. My cap had been bought for me by my uncle Blasín, in exchange for giving him three tender thrushes in a nest, and I wore the jacket haughtily, puffing out my chest like a rooster, bossing about the hens.

Those who wander free early, aren’t easily tied down. I was a boy who walked among men. I had to be a man before my time. I suppose that’s why I went out romancing, after night class, and also why my father waited for me behind the door with his cane in his hand. He’d get out of bed in his slippers and on the winter nights the cold tormented him. Without wanting to, he would sneeze, cough, and I, with my lynx-like hearing, would notice and not go inside. I’d tiptoe to the shed and sleep there, on the cattle’s hay.

Sometimes I’d pity him, because he’d be waiting there in his slippers until one or two in the morning, waiting for me to come home so he could give me a hiding. But between pity and a hiding I chose pity.

On cold mornings my mother would make us garlic soup, poor man’s soup, before my father left for work. Now we went together. Sometimes my father would decline the garlic soup, complaining about the burned beans left over from dinner. My mother would reheat them, and when the compango was notable by its absence, which was almost always, my father used to eat them, with this refrain: in the morning, corn and beans; at midday, beans and cabbage; at night, beans and cake. Off you go, Xuan, Break rocks! For all his jokes, my father believed in beans like a religious person believes in God. He attributed all his energy for work to beans, repeating that I would never be a strong man, seeing how I avoided them except for special occasions, when they had their garnish of bacon, lacón gallego, chorizo and delicious black pudding.

In reality, I went to Pascuas Ramos school, as much for the fear I was beginning to feel for the master as for the use my parents were making of me for chores inside the house and out of it. Before going to work with limestone and the in quarrys of Contrueces, I never had any free time, except when I stole it, and I paid for that, because my mother would notice and my father would take the stick to me. In this way, my father was very much like the master in Roces.

All this about leaving for Havana was serious business and required a lot of work, just as much for me as for anyone else. It was even more bothersome than going off to war.

Mothers cried just as much whether their offspring went to America or Morroco. A choice which indicated whether they’d come back late or not at all. I thought, more than anything, of the“Muley”. Of the “Muley” who was far away and of my mother who was close by, my mother, who would stare at me, turn her back, and cry in the corners so I wouldn’t see her.

http://es.wikipedia.org/wiki/Compango – Compango

https://en.wikipedia.org/wiki/Lac%C3%B3n_Gallego -Lacón Gallego

http://www.hoy.com.do/el-pais/2003/12/7/6820/print – Muley

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An Unwritten Novel – Virginia Woolf

Such an expression of unhappiness was enough by itself to make one’s eyes slide above the paper’s edge to the poor woman’s face—insignificant without that look, almost a symbol of human destiny with it. Life’s what you see in people’s eyes; life’s what they learn, and, having learnt it, never, though they seek to hide it, cease to be aware of—what? That life’s like that, it seems. Five faces opposite—five mature faces—and the knowledge in each face. Strange, though, how people want to conceal it! Marks of reticence are on all those faces: lips shut, eyes shaded, each one of the five doing something to hide or stultify his knowledge. One smokes; another reads; a third checks entries in a pocket book; a fourth stares at the map of the line framed opposite; and the fifth—the terrible thing about the fifth is that she does nothing at all. She looks at life. Ah, but my poor, unfortunate woman, do play the game—do, for all our sakes, conceal it!

Tal expresión de infelicidad era en sí suficiente para hacer que mis ojos se deslizaran desde el periódico hasta la cara de la pobre mujer—insignificante sin esa mirada, y con ella casi un símbolo del destino humano. La vida es lo que veas en los ojos de las personas; la vida es lo que aprenden, y, una vez aprendida, nunca, aunque se esfuercen por esconderla, dejan de estar consiente de ella—qué? Que la vida es así, parece. Cinco caras enfrente de mí— cinco caras maduras— y el conocimiento en cada cara. Aún así es extraño, ¡cómo la gente quiere ocultarlo! Manchas de reticencia en todas esas caras: labios cerrados, ojos sombreados, cada uno de las cinco haciendo algo para encubrir o atrofiar su conocimiento. Una fuma; otra lee; un tercero revisa entradas en su cartera; una cuarto mira fijamente al mapa de la línea de ferrocarril de frente ennmarcada; y la quinta—la cosa terrible de la quinta es que no hace nada en absoluto. Mira a la vida. Ay, pero mi pobre desafortunada mujer, juega—hazlo, por el bien de todos nosotros, ¡ocúltalo!

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Night Sketches – Beneath an Umbrella – Nathaniel Hawthorne

Pleasant is a rainy winter’s day, within doors! The best study for such a day, or the best amusement,—call it which you will,—is a book of travels, describing scenes the most unlike that sombre one, which is mistily presented through the windows. I have experienced, that fancy is then most successful in imparting distinct shapes and vivid colors to the objects which the author has spread upon his page, and that his words become magic spells to summon up a thousand varied pictures.

Strange landscapes glimmer through the familiar walls of the room, and outlandish figures thrust themselves almost within the sacred precincts of the hearth. Small as my chamber is, it has space enough to contain the ocean-like circumference of an Arabian desert, its parched sands tracked by the long line of a caravan, with the camels patiently journeying through the heavy sunshine. Though my ceiling be not lofty, yet I can pile up the mountains of Central Asia beneath it, till their summits shine far above the clouds of the middle atmosphere. And, with my humble means, a wealth that is not taxable, I can transport hither the magnificent merchandise of an Oriental bazaar, and call a crowd of purchasers from distant countries, to pay a fair profit for the precious articles which are displayed on all sides.

True it is, however, that amid the bustle of traffic, or whatever else may seem to be going on around me, the rain-drops will occasionally be heard to patter against my window-panes, which look forth upon one of the quietest streets in a New England town. After a time, too, the visions vanish, and will not appear again at my bidding. Then, it being nightfall, a gloomy sense of unreality depresses my spirits, and impels me to venture out, before the clock shall strike bedtime, to satisfy myself that the world is not entirely made up of such shadowy materials, as have busied me throughout the day. A dreamer may dwell so long among fantasies, that the things without him will seem as unreal as those within.

¡Qué bonito es un día llovioso de invierno, dentro de la casa! El mejor estudio para tal día, o la mejor diversión —llámelo como quiera,— es un libro de viajes que describa vistas muy diferentes a aquella lúgubre, que está neblinosamente presentada en las ventanas. He experimentado, que la fantasía es más exitosa entonces en impartir formas distintas y colores vivos a los objetos que el autor ha extendido sobre su página, y que sus palabras se convierten en hechizos mágicos para convocar miles de imágenes variadas.

Paisajes extraños destellan tras las paredes familiares del cuarto, y figuras estrafalarias se empujan casi dentro del sagrado espacio del fogón. Por pequeña que sea mi habitación, tiene suficiente espacio para contener la circunferencia oceánica de un desierto árabe, sus arenas agotadas marcadas por la larga linea de una caravana, con los camellos viajando con paciencia bajo la intensa luz del sol. Aunque mi techo no es elevado, incluso así puedo apilar las montañas de Asia central bajo él, hasta que los cimas brillan más allá de las nubes de la atmósfera media. Y, con mis medios humildes, una riqueza que no se puede gravar, puedo transportar aquí la mercancía de un bazar oriental, y llamar a una multitud de compradores de países lejanos, a pagar un beneficio justo por los artículos preciosos expuestos por todos lados.

Es verdad, sin embargo, que entre el bullicio del tráfico o lo que parezca que está pasando en este lugar, el goteo de la lluvia ocasionalmente se oirá tamboreando en los cristales, que se dan a una de las calles más tranquilas de un pueblo en New England. Después de algún tiempo, también, las apariciones se esfuman, y no aparecen otra vez cuando se lo pido. Entonces, siendo de noche, un sentimiento melancólico de irrealidad deprime mi espíritu y me impele a arriesgarme a salir, antes de que el reloj me mande a dormir, a satisfacerme que el mundo no está compuesto de tales materiales oscuros, como los que me han ocupados a lo largo del día. Un soñador puede morar tanto tiempo entre fantasías que las cosas fuera de él parecen tan irreales que las de adentro.

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Mammaoca2008  on flikr